Seis líneas y un plano bastan para empezar. Lo lee un ingeniero —no una mesa comercial— y la primera respuesta suele ser una pregunta.
Sin ellos, cualquier cifra que le demos es una conjetura, y una conjetura cuesta después más de lo que ahorra ahora.
País y ciudad. El viento, la nieve y la corrosión vienen del sitio, no del plano.
Puente grúa, entrepiso, silo, transportador. Cada uno cambia el pórtico antes que cualquier otra cosa.
Largo, ancho, altura de alero y cuánto del ancho debe quedar libre.
Un PDF, un DWG o la foto de un croquis en papel. Trabajamos con cosas peores cada semana.
Sí, con una salvedad: un croquis le da un alcance y una lista de preguntas. Una cifra firme exige dimensiones y cargas definidas, porque la luz y el régimen del puente grúa mueven el precio más que nada.
Sí. Perfiles, correas y cerramiento pueden embarcarse como kit con planos de montaje. Muchos clientes montan con su propio equipo y una grúa local.
En proyectos grandes podemos enviar un supervisor las semanas críticas. Dígalo desde el principio: cambia la cotización y el calendario de visado.
Perfiles marcados y agrupados, correas, cerramiento, fijaciones y seis documentos, entre ellos la lista de embalaje, el certificado de origen y las fotos de carga. La lista completa está aquí.
Porque dos edificios de la misma superficie pueden diferir en la mitad. Preferimos leer su resumen y darle una cifra que se sostenga, antes que publicar una que no.
No es un retraso: es la parte donde suele ahorrarse el dinero.
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